¿Quién vale más?





En estos momentos, los Estados Unidos vive una crisis social debido al hartazgo de las minorías por el comportamiento abusivo y discriminatorio de policías a personas con colores de piel diferentes al blanco. Esto está llevando a mucha gente a cuestionarse si todavía sigue vivo el racismo, inclusive a identificar manifestaciones de racismo aun dentro de nuestra propia cultura latinoamericana. Pero creo que nuestro problema como seres humanos es mucho más profundo. En realidad, no se trata solamente de que le damos menos valor (y por lo tanto un trato diferente) a alguien por su color de piel; porque también lo hacemos por su estatura, la forma de su cuerpo, su apellido, su pasado, su nivel socioeconómico, su sexo, sus creencias, su profesión, su grado académico, su edad, su familia de origen, su vestimenta, el número de sus likes, si no ha nacido, etc. Nuestro problema de raíz es el valor relativo que le damos a las personas en general de acuerdo con criterios meramente humanos.


Esta es una oportunidad de enseñarles a nuestros hijos (y tal vez a nosotros mismos) el valor absoluto de las personas, para formar hijos libres, no solo de racismo, sino de cualquier otra manifestación de distorsión en su percepción del valor humano.


Si has visto el programa “El precio de la historia” (Pawn Stars) te habrás dado cuenta de que en general podemos determinar el valor de algo por lo que alguien está dispuesto a pagar por eso. Pero especialmente lo que el mayor experto en ese algo está dispuesto a pagar. De igual manera nosotros podemos determinar cuánto vale un ser humano no por lo que otro ser humano está dispuesto a pagar, sino por lo que el mayor experto en la raza humana pagaría. Ese es Dios, el que nos hizo, el que nos formó a mano y sabe perfectamente nuestro valor absoluto porque Él no está sujeto parámetros relativos como los humanos lo estamos.


La Biblia nos enseña que Dios estuvo dispuesto a pagar el mismo precio por todos para rescatarnos. El precio fue toda la sangre del hijo de Dios, Jesucristo.

Imagina que alguien encontrara un recipiente sellado y certificado conteniendo los 4 litros de sangre que Jesuscristo derramó en las últimas horas de su vida. ¿A cuánto se subastaría ese recipiente? ¿Cuánto estuviera dispuesta la gente a pagar por él? ¿No sería el material más codiciado y por lo tanto valioso sobre la tierra? ¿Más que oro, plata, diamantes, o platino? Ese es el valor de todo ser humano:


1 Pedro 1:18-19 Pues ustedes saben que Dios pagó un rescate para salvarlos de la vida vacía que heredaron de sus antepasados. No fue pagado con oro ni plata, los cuales pierden su valor, 19 sino que fue con la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha.


Tus hijos necesitan conocer su valor en Cristo para no menospreciarse ante otros, pero también para no sentirse más que nadie. Cuando logren entender que el mismo incalculable valor que se pagó por ellos también se pagó por cualquier otro ser humano, dejarán de ponderar a las personas por su color de piel, raza, sexo, tamaño, etc. Todas son almas a las que Dios les dio este gran valor inmerecido.


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