CARTA A UN CORAZÓN ROTO

SÍ, abriste tu corazón y salió herido, pero NO es una vergüenza decidir amar.





Todos creemos que vivir un corazón roto es como ponerle un curita a la herida y eso nos va a sanar. Lamentablemente, no es así. Lo he visto una y otra vez; corazones rotos, desilusiones amorosas, heridas sin sanar y que a la larga, provocan que uno no vuelva a confiar, no pueda amar libremente, generan inseguridad ante el escenario de vulnerabilidad con alguien más, se recuerda el pasado cuando alguien te hirió, cuando aquella persona trajo desdicha a tu vida…


También, se promueven los analgésicos temporales: el alcohol, el sexo y las drogas. A éstos los describo como los “falsos amigos” que te “sacan de apuros” en el momento, pero una vez pasado el efecto sedante, vuelve a arder y cada vez más. Se puede crear una dependencia enfermiza y, de nuevo, no hay solución frente al dolor. Uno se siente vacío, algo falta…


El siguiente escenario es de algún creyente que nació de nuevo en Jesús pero, por alguna razón, la relación con la otra persona no funcionó. Es ahí donde se experimenta un proceso al que he llamado “el estereotipo divino”, en el cual se anhela que la relación amorosa que tienes con alguien, ya presentado ante la iglesia, sea el indicado/a para casarte. Piensas que debe ser el único con el que llegarás al matrimonio, sin tener historiales amorosos; después de todo porque oraste al respecto, los padres de familia y tus pastores lo autorizaron, todo es aparentemente perfecto… Pero, ¿qué pasa cuando no es así? ¿Qué sucede con los corazones rotos y silenciosos dentro de la iglesia donde esa tan esperada etapa no llegó porque la relación terminó?


Ese corazón roto se presenta cada día y se siente como un hueco interno, algo falta y se tiene la necesidad de que ese tanque emocional esté lleno, pero ¿qué es?. Apreciado(a) amigo(a), sea cual sea la herida que atraviese tu corazón -una desilusión amorosa, la decepción con una amistad, la toxicidad en una relación de trabajo, la pérdida de un ser querido-, solo hay UNO que puede llenar ese tanque emocional y, créeme, Él no te decepcionará por nada del mundo. Tiene tanta agua para dar, que no tendrás sed jamás… Ése es el AMOR DEL BUENO.


Jesús se presentó así con una mujer que tenía una necesidad emocional muy grande, tanto así, que ya había pasado por 6 relaciones rotas en su vida… herida tras herida, desilusión tras desilusión. PERO ÉL LE DIJO:


Juan 4:13-14 PDT —Todos los que tomen de esta agua volverán a tener sed. 14 Pero el que beba del agua que yo doy, nunca más tendrá sed. El agua que le daré brotará dentro de él como un manantial que da vida eterna.


Querido/a lector, decidí escribirte una carta externando lo que pienso después de haber experimentado el temido truene y un corazón que dolía cada mañana. Quiero recordarte que no estás solo/a, eres extremadamente único/a a los ojos de Dios… y eres completo/a en Él. Es mi anhelo que puedas experimentar ese AMOR Consolador cada día y que le respondas a Dios como lo hizo aquella mujer de la historia:


Juan 4:15 PDT La mujer le dijo: —Señor dame de esa agua, para que ya jamás tenga sed.



Ana Paula Dominguez

@anniedomz